Por Juan Jesús García Ramos

Hubo un momento en el Jazz de Granada que había casi una decena de mujeres cantantes de primer nivel, y otras tantas en formación. Todas ellas fueron y lo son gracias a que Celia Mur, que ayer nos dejó, se subió a un escenario a cantar Jazz cuando quedaba un rato para que el siglo pasado concluyera. Es más, muchas de ellas (y ellos, y también de pop, autor…) aprendieron el oficio directamente con Celia en sus cursos didácticos, en los que el jazz se convertía en un placer asequible y estimulante gracias a su profesionalidad y a la exquisita amabilidad con que siempre se relacionó con sus compañeros de oficio.

Celia puso la voz a las primeras bandas de la ciudad. También de blues y gospel, pero sobre todo de jazz. Fue entonces la portavoz de la Big Band de Granada y de combos como Bop Hope, grabando sus primeras canciones con el pianista David Lenker y estableciendo una relación profesional estable con el guitarrista Kiko Aguado, si bien su debut impreso fue el tema ‘That’s all’, incluido en la antología de grupos de la ciudad con motivo del festival Jazz en la Costa. Para el director de ese festival en el que actuó en diversas ocasiones, Jesús Villalba, «era una bellísima persona y una cantante extraordinaria, mi favorita. Ha sido una gran pérdida». Tenía en su mesa la posibilidad de registrar un disco de Bossa con ella, ya imposible. Precisamente en su último cedé, de 2016, frecuentaría la música brasileña con un homenaje a Roberto Menescal.

‘Las flores de mi vida’, ‘Simpatía’, ‘Coplas mundanas’ y ‘Amerikanda’ serían los discos que definieron definitivamente su estilo propio, inventando una forma ‘jazzística’ de acercarse a la copla, la canción popular y la hispanoamericana, realizando un esfuerzo por encontrar una voz personal y diferenciada dentro del extenso panorama de esta música. «Yo empecé cantando en mi casa con mi familia en un contexto eminentemente flamenco, qué quieres. Canté antes copla que blues y conozco el género muy bien», explicaba, razonando esa peculiar y valiente exploración de sus raíces desde su condición de cantante de jazz. Si bien nunca dejó de lado a los clásicos. Así, tras pasar por todos los festivales granadinos (muchos españoles y otros tantos europeos), en Jazz en el Lago hace tres años estrenó el programa ‘Swing Hot and Cool’.

Viviendo en Granada, Valencia, Barcelona y Madrid, Celia en un momento dado se mudó a Nueva York para romper los límites del circuito hispano y seguir aprendiendo, porque nunca dejó de estudiar, buscar y crecer: «En España creo que ya he tocado el techo de lo posible y hay que dar el salto a lo imposible, en este caso a cantar con los inventores del jazz, los americanos». Y con la ayuda del Instituto Cervantes realizó actuaciones por diversos estados americanos y contactó con compañeros de viaje para futuros trabajos.

«Celia ha templado sus maneras ganando mucha calidez en este tiempo de ausencia y ha crecido una barbaridad en expresión dramática. Las canciones ya las actúa casi más que entonarlas, y eso seduce, embauca, encanta y las hace llegar», se lee en una de sus últimas críticas, a la par que recibía elogios de personalidades como Concha García Campoy o Elvira Lindo, que le dedicó una entusiasta columna en el diario donde escribe.

La música está de luto en Granada, y cada vez que aquí una cantante coja el micrófono, ‘las flores de su vida’ abrirán sus pétalos de jazz. Ella las plantó y regó con dulzura y talento. Sin tu cariño y tu voz, Celia, el jazz está ya irremediablemente incompleto amiga.