Me he acordado estos días de confinamiento de una entrevista al escritor Juan Benet en la que venía a decir que disfrutaba más escuchando música en casa que en una sala de conciertos. O algo así. La verdad es que Benet que era buen aficionado a la música podría haber dicho esto en plan “boutade”. Cierto o no, y si la memoria no me ha fallado, no cabe duda de que en cualquier caso siempre tenía la posibilidad elegir entre una u otra opción, como mejor le viniera en gana.

Sin duda alguna la música enlatada en cualquiera de los formatos a los que por fortuna tenemos acceso hoy día está muy bien. No hay más que ver la cantidad de mensajes, artículos, conciertos online y exhibiciones megalómanas que han aparecido en los medios sociales tecnológicos durante los días de confinamiento impuesto. Todos tenemos un canon musical y nuestros recuerdos personales están asociados a discos y obras musicales de todo tipo de géneros. Como digo, todo esto está muy bien. Pero…, claro siempre hay un pero, la música en directo es otra cosa y estos días hemos estado huérfanos de conciertos y de esa sensación excepcional que nos embarga contemplando en directo, tête a tête,  a nuestros músicos favoritos.

Como bien nos recuerda el crítico musical Chema García Martínez en su reciente libro “Tocar la vida. El músico de jazz: vueltas en torno a una especie en extinción”, hay un cierto tipo de músico que parece que no volverá. Los tiempos han cambiado. Quizás sea eso: una especie en vías de extinción. Pero en cualquier caso antes como ahora es un artista que muestra sus mejores cualidades encima de un escenario. Ese es su hábitat natural y eso no ha cambiado. Lo necesita para vivir, por razones musicales y económicas.

Esta crisis sanitaria ha sido además especialmente cruel con muchos músicos de jazz. Además de en extinción es una especie vulnerable. La lista resulta especialmente amplia dado el corto período de tiempo en el que se nos han ido algunas viejas y no tan viejas glorias. Ellis Marsalis, Bucky Pizzarelli, Wallace Roney, Mike Longo, Manu Dibango, Henry Grimes, Lee Konitz y, en nuestro país, Marcelo Peralta.

Cuando parece que lo peor ha pasado, y ahora que tanto se habla de una recuperación desde lo local, no estaría mal contar con los músicos de jazz nacionales para los eventos que parecen vislumbrarse en el horizonte. Aunque muchos lo sabemos, el jazz vive en nuestro país una auténtica edad de oro. Hay músicos de jazz de todos los estilos posibles, en todos los instrumentos, y conviven músicos de larga trayectoria con otros más jóvenes que tienen mucho que decir. Hay donde elegir y no convendría olvidarnos de ellos.