Fred Hersch era uno de los artistas menos mediáticos del cartel de Jazz en la Costa 2018. El resultado fue un auditorio con bastante asientos vacíos, frente al ‘todo vendido’ del resto de conciertos del programa, pero con una audiencia de devotos al mejor jazz neoyorquino, que asistió al que probablemente ha sido uno de los mejores conciertos que hemos disfrutado en estos últimos años.

Y es que a pesar de no ser un artista conocido por el público al nivel de otros pianistas de su generación o incluso más jóvenes, como Brad Mehldau o Vijay Iyer, la crítica especializada siempre tiene un espacio preferente para Hersch, sus grupos y sus grabaciones. Los resultados de la última encuesta a la crítica por parte de la revista DownBeat confirman al Fred Hersch Trio en el segundo lugar de las bandas de jazz, el album “Open Book” (Palmetto Records, 2017) en el número ocho de las mejores grabaciones del último año, y al propio Fred en los puestos tres y ocho en las listas de pianista y artista del año, respectivamente.

Hersch, que ya superó la edad de jubilación y serias complicaciones de salud, se presentó en El Majuelo con un repertorio de temas propios y de estándares, entre los que no podían faltar composiciones de Monk y Ellington, arropado por su trio habitual, es decir John Hebert en el bajo y Eric McPherson con las baquetas.

Estos dos músicos acompañan a Hersch desde “Whirl” (Palmetto Records, 2010), su regreso a los estudios de grabación tras dos años retirado de la profesión, y conforman una de las principales bandas de jazz de nuestro tiempo, en palabras del crítico Will Friedwald. Viéndolos en directo es difícil imaginar mejores compañeros de viaje para Fred Hersch que Hebert y McPherson, aportando una visión muy personal al clásico formato de trío.

En su primera visita a Granada el Fred Hersch Trio nos ha conquistado con sus baladas, en las que los ecos de Bill Evans o Ahmad Jamal encajan a la perfección con el estilo propio de Hersch. Un discurso que conecta con la estética del impresionismo francés, especialmente en temas como el medley “The Wind/Moon and Sand”, y que emociona en estándares poco habituales en el repertorio del artista, como “This Is Always”. O en el primer bis de la noche, “Valentine”, una composición del propio artista que ya grabó con Norma Winstone y en directo en el album “Live at the Bimhuis” (Palmetto Records, 2005), y que tampoco es frecuente escuchar en sus conciertos.

Y brilla Hersch y su banda en los tiempos medios y rápidos, con piezas en las que los cambios rítmicos son el esqueleto sobre el que construyen los tres músicos su discurso. A veces en homenajes a grandes iconos del jazz, como ocurre en el tema “Newklypso”, un calipso visto a través de la mirada jazzística de Fred Hersch y que rinde tributo a Sonny Rollins (apodado “Newk”), el primer músico en introducir el calipso en el jazz en temas como “St. Thomas”, “Everywhere Calypso” o “Don’t Stop the Carnival”. En otras ocasiones usando como argumento músicas de Wayne Shorter (“Black Nile”), Thelonious Monk (“We See”) o Duke Ellington (“Mood Indigo”).

La apariencia frágil de este genio contrasta con una apretada agenda de conciertos a lo largo de todo el año, encadenando hasta tres semanas consecutivas en algunos de sus clubs favoritos, como el Jazz Standard o el Village Vanguard, y con su entrega a la música y a la audiencia. Más de hora y media absolutamente emocionante nos brindó Fred Hersch y su grupo en una noche fresca, en la que más de una pareja se abrazaba escuchando las historias del Trio mientras que otros seguían el ritmo del calipso para entrar en calor. Y hasta dos bises nos regaló la banda, el primero de ellos con Fred en solitario y el último con el trío al completo y una audiencia en pie, rendida ante una experiencia inolvidable.
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