Con 17 años Ella Fitzgerald, la reina del jazz, debutó casi por casualidad como cantante en el Harlem Apollo Theater de Nueva York, ganando el concurso ‘Amateur Night Shows’. En 2012, toda una vida después, nuestra protagonista probó suerte en el mismo escenario. La experiencia fue todo menos placentera en un principio. «Fue horrible, sólo había cantado dos notas cuando el público se puso a chiflarme. Yo era la primera y el presentador había caldeado tanto la sala que el público estaba descontrolado«, recuerda la cantante. La cosa, no obstante, no acabó del todo mal. Con el tercer premio bajo el brazo pudo darse a conocer en una de las mecas de las voces del jazz. A partir de ahí una carrera fulgurante.

En la vecina Francia, segunda patria del jazz, según algunos, la música como las artes en general es cosa seria. Algunos periodistas no tardaron en bautizar a la cantante franco-dominicana como la “reina de Harlem”. Exagerado o no, lo que está claro es que ha logrado hacerse un hueco en el universo de las damas actuales del jazz.

Tiene la Aimée una vez sedosa, suave, y con chispa. Me dice mi bueno amigo Jose que se come el escenario, que es divertida, y que es la mejor manera de engancharse al jazz. Y añade: da muy buen rollo. No suele equivocarse mi amigo, asiduo de numerosos festivales de jazz por todo el mundo. Además, tiene esta cantante algo que la hace particular pues lo mismo se adentra en un standard clásico, que se arranca por la chanson française o el ‘jazz manouche’ (gypsy jazz) que tan popular hizo Django Reinhardt. Todo eso y más puede abarcar esta joven cantante, hasta hace poco vecina de Nueva York pero que ahora reside en Nueva Orleans, cuna del jazz más tradicional. Un sonido más que añadir a su amplia paleta de registros.

En su más reciente trabajo, ‘I’ll be seeing you’ (2021), se incluye una versión muy suya del “Me gusta cuando callas”, el famoso poema número 15 de ‘Viente poemas de amor y una canción desesperada’ de Pablo Neruda: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente / Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca…”. A buen seguro que sonará en la noche de la costa granadina para deleite de todos.