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No estamos en 1982. Tampoco es éste un artículo distópico. Por supuesto el tiempo corre, líquido quizás, y cuando estas palabras se publiquen con toda probabilidad ya se habrán quedado algo anticuadas, desfasadas, presas de los acontecimientos. Así están las cosas.

Una anécdota. En cierto momento presencié cómo recriminaban a un amigo el hecho de carecer de discos de jazz liderados por mujeres, más allá de los consabidos de Ella Fitzgerald, Billie Holliday, etc. Pero ahí no quedó la cosa. A continuación empezaron a surgir en boca de la aparentemente ofendida aficionada nombres para mí desconocidos hasta entonces. No sólo se refería a Abbey Lincoln, Alice Coltrane, o Carla Bley, a las que conocía perfectamente, sino que incluso se remontaba a los comienzos del jazz, allá por los años 20 del pasado siglo. Mea culpa claro.

No nos debería pues sorprender que cada vez más mujeres, y no sólo cantantes, se produzcan en festivales de todo el mundo. Tampoco que aparezcan nominadas y premiadas en las listas de discos del año de los premios Grammy o seleccionadas en la revista Downbeat. En los últimos años no es difícil encontrar a nombres como Maria Schneider, Regina Carter, Terry Lyne Carrington, Esperanza Spalding, Mary Halvorson o Janne Bunnet. La lista no es banal. La primera es directora de orquesta, la segunda toca el violín, la tercera la batería, Spalding el bajo, y Halverson y Bunnet son dos saxofonistas. De aquí surge una estupenda formación a la que podríamos añadir la voz de Cécile McLorin Salvant. No quisiera olvidarme de la nueva hornada que tenemos en este país, con Irene Aranda o Lucía Martínez, entre otras; dos músicas a las que he seguido y disfrutado.

Así que si este festival para el que escribo cuenta en su programación de este año con tres artistas de primer nivel como cabezas de cartel nada tiene de raro, a condición claro está de que, ¡ayy!, sean sus méritos musicales los que hayan prevalecido en su selección. No tengo dudas.

Después de varios días de festival, Melissa Aldana, que lo abrió, y Eliane Elias que la siguió, no han defraudado. Tampoco creo que lo haga Stacey Kent, que cerrará el círculo y cuyas entradas están agotadas desde hace tiempo.

Y claro, cómo no podría ser de otra forma, al frente del festival granadino hay una mujer. Va también por ella.