Estamos en el año 2003. Ese año se celebra la XXIV edición del Festival Internacional de Jazz de Granada. A un año de cumplir los 25 años de vida. ¡Y qué vida! El cartel de ese año no esta nada mal, ¡qué digo, está muy bien!… Dee Dee Bridgewater, Abbey Lincoln, John Scofield, Terence Blanchard; quizás más de uno se acuerde aún. Ocho días en los que se pudo disfrutar de algunas luminarias de la escena internacional en el Teatro Isabel La Católica. Casi, o sin casi, todas las entradas agotadas. Además, en paralelo, se presenta un Ciclo de Jazz World donde están Elvis Costello y Youssou N’Dour & Super Etoile de Dakar. ¡Qué tiempos!

Merece la pena traer estos recuerdos en un día como hoy que celebra el Día Internacional del Jazz. Pero la razón por la que me vienen a la memoria estos recuerdos se debe a que aquel año el músico que abría cartel nos dejo recientemente: Armando Chick Corea. Alguien con quien hemos disfrutado en numerosas ocasiones por aquí y que en cierto modo se había convertido en uno de los nuestros. Pocos músicos internacionales han mostrado tanto cariño y respecto por el flamenco y la música latina en general. Conocemos su admiración y sus conciertos con Paco de Lucía y otros músicos como Jorge Pardo, Carles Benavent o Rubem Dantas, a los que incorporaba como invitados a sus giras por nuestro país.

Pero la historia de Chick Corea con el festival granadino tiene además una anécdota que merece la pena recordar. El músico era un artista de la casa Yamaha y siempre tocaba ese piano. Así lo especificaba claramente su contrato. En estas cosas los músicos ya sea por razones legales o por querencia y afinidad siempre son muy exigentes. Pero curiosamente ese año el festival estrenaba piano, un Steinway & Sons que sigue siendo testigo del festival desde entonces. Así las cosas, había que ver cómo se podía encajar la letra legal con las circunstancias… y el piano. Tras un momento de dudas, lo mejor fue proceder a las presentaciones y dejar que las cosas surgieran de manera natural. A Jesús Villalba, director del festival, no le costó mucho convencer al artista para que se sentara frente al piano y conociera a su acompañante. Tras la reposar las manos en el teclado y extraer unas notas, se hizo el silencio. Eterno. Al cabo de un rato Corea miró hacia Jesús, impertérrito a su lado, y esbozó una sonrisa. El resto ya es historia. Desde entonces son tantos los músicos que han tenido ocasión de disfrutar del piano de Chick que la lista es larguísima. Desde su amigo Herbie Hancock al bueno de Kenny Barron que lo utilizó para grabar su concierto de piano solo “A night in Granada”, o Chano Domínguez el pasado año en Almuñécar.

Una crónica de aquel festival escrita por el gran Juan Jesús García comenzaba así: “Compartiendo escenario con una pareja de jóvenes hiperdotados como son el excepcional contrabandista Avishai Cohen, capaz de hacer hablar a su instrumento gracias a sus habilidades y su extrema sensibilidad, y el batería Jeff Ballard, perfecto como acompañante y deslumbrante como solista, Corea mostró su faceta más jazzística pura tras muchos años de dedicarse a la fusión con el rock y los sonidos más altisonantes. Pero, por encima de todo, fue una noche especial: comenzaban gira y hacían las primeras tomas para una anunciada grabación en directo, «Live in Spain”. Y además contaron con Gayle Moran (cosas de parejas, porque su afinación fue más que comprometida) y Rubem Dantas, que actuaba en el programa paralelo del festival. Todos juntos rubricaron una noche en la que presentaron el disco “Past, present & futures” y cerraron con un Spain ovacionado y hasta coreado por el público. Lo que se dice un momento feliz”. Como pasa el tiempo…