La inolvidable pianista británica Marian McPartland presentaba así en 1996 a Brad Mehldau en su celebérrimo Marian McParltland’s Piano Jazz: “es un pianista con un sofisticado sentido del swing y con un enfoque muy sensible a todo lo que toca. Es un apasionado conocedor del mundo del jazz”.

La retirada de Keith Jarrett por enfermedad y la reciente desaparición de Gary Peacock supuso la desaparición del trío de jazz más influyente de por lo menos los últimos 30 años. Y quizás nos quedaríamos cortos ya que la influencia de esta formación iba más allá de los aficionados al jazz.

Una vez retirado el rey habría que buscar a un sucesor y pocos pianistas tienen más posibilidades de tomar el relevo que Brad Mehldau. Aunque se considere más heredero de Bill Evans que de Jarrett, se alimenta de ambos. Resulta difícil escapar a las influencias de los dos grandes maestros del trío jazzístico a partir de los 60 del pasado siglo. Introvertido, audaz, sofisticado, camaleónico, Mehldau fundamenta su dominio del formato con la ayuda de sólidos colaboradores: Larry Granadier y Jeff Ballard. No es baladí este asunto. Tres pueden ser uno si la comunicación es fluida en lo musical y se fundamenta en una colaboración de más de 15 años. Mehldau, Granadier y Ballard. Pongan sus nombres en el orden que quieran porque al final la ecuación es la misma. Llevan desde 2005 trabajando y grabando juntos, cuando se publicó “Day in Done”.

El pianista posiblemente más imitado y seguido de su generación se acerca a los standards de jazz con la misma facilidad con la que toca por Brahms o versiona el cancionero pop o, pongamos por caso, se adentra en un tema de Nirvana, Radiohead, Neil Young o los más delicados Motorhead. Todo cabe en el arte improvisatorio del músico de Florida.

Su último trabajo, dónde aparece solo para la ocasión, se titula Suite: April 2020 y fue su respuesta a estos tiempos “covideños” que nos ha tocado vivir: “es una instantánea musical de la vida en el mundo que todos nos hemos encontrado. He tratado de plasmar en el piano algunas experiencias y sentimientos que son nuevos y comunes a muchos de nosotros”.

Por cierto, el pianista tiene una larga y estrecha historia de colaboraciones con nuestro país desde que editó su opera prima When I fall in love en el sello Fresh Sound, discográfica clave en el jazz de las últimas décadas en España. En su primer trío destacaba el extraordinario baterista Jorge Rossy, con quién colaboró durante una década y con quién trabajó en los cinco volúmenes de The Art of the Trio.