Si la música es diálogo quizás no haya mejor compañero de charla (musical) que el bueno de Javier Colina. Y si no que se lo pregunten a Tete Montoliu, a Bebo Valdés, o a Chano Domínguez, Albert Sanz o Pepe Rivero, pero también al guitarrista Josemi Carmona, o a las cantantes Martirio y Silvia Pérez Cruz. La lista es extensa y merece la pena citarla. La biografía musical del bajista bien podría escribirse siguiendo la estela de los dúos musicales que han marcado en buena medida la evolución de este extraordinario músico.

Del bebop en sus inicios a las introspecciones musicales en torno al flamenco, la música cubana y popular española, la trayectoria del bajista navarro ha seguido un camino marcado por la mezcla de estilos, desde la libertad que otorga el jazz. El contrabajo, tan presente en el jazz y tan ajeno al flamenco, ha encontrado en este músico un insólito compañero para músicos de ambos géneros, que en su caso no son dos sino uno, un único sonido fusionado y propio. Un compañero de viaje tan extraño al principio como necesario después para sonidos flamencos que hoy no sonarían igual sin la gravedad del contrabajo de Colina.

Javier Colina ha dejado su huella en una parte importante de la historia reciente del jazz en nuestro país. Ha acompañado a los más grandes y su presencia musical en discos de referencia del jazz (flamenco) hecho por estas tierras, como el inolvidable «10 de Paco», el homenaje al maestro Paco de Lucía junto a sus amigos Chano, Jorge y Tino, lo atestiguan. Como el propio músico comentaba tras la grabación del disco «Chano & Colina» grabado en el Auditorio Nacional: «moríamos con Camarón y Paco de Lucía, como todos los flamencos y los jazzeros de bien. Queríamos tocar música flamenca con la libertad del jazz. Nos gustaba tocar standards con ritmos, armonías o melodías flamencas (…). Tuvimos que buscar caminos que no estaban…». Un camino que sigue abriendo veredas que hoy nos parecen más próximas y reconocibles.

El homenaje que se le hace en esta edición de un festival de Almuñécar tan atípico como necesario no podía venir en mejor momento y con tan buenos compañeros de cartel. Muchos de ellos han compartido charla y música con Colina. Pero de entre ellos quizás sea Chano Domínguez el alma musical con quien más diatribas musicales ha mantenido. En cierto modo son dos almas gemelas (¡hasta nacieron el mismo año!). El contrabajo de Javier Colina es la voz perfecta para un diálogo del que podemos conocer el principio pero no su final. Puro misterio.