Vaya por delante que las categorías y encasillamientos de estilos más o menos homogéneos, a menudo forzados, poco ayudan y a menudo sólo sirven para confundir. Poco o nada dicen de lo buena o mala que pueda ser la música que es en definitiva de lo que se trata.

El jazz tiene un poder de absorción y asimilación como ninguna otra música. Ahí está uno de las razones de su rápida expansión y continua transformación. Añadamos un adjetivo a la palabra “jazz” y no acabaremos nunca. Hasta el infinito y más allá, así que hagan el justo caso al título de este artículo.

No hay un jazz mediterráneo, siento decirlo, pero si es cierto que los músicos de este rincón del mundo interpretan esta música con un deje rítmico propio, particular, en un camino bidireccional que une Nueva Orleans con el mundo sonoro mediterráneo. La música sarda o el arte de Cádiz se colarán tarde o temprano por las porosas notas de nuestra música si has nacido en alguno de estos dos sitios. Es un ejemplo

Eso le ocurre a Paolo Fresu, uno de los héroes de la trompeta italiana, Enrico Rava mediante. Fresu se mueve en los tonos de Miles Davis o Chet Baker, a quienes admira, pero no desdeña incluir en su repertorio la música de su tierra o dedicar dos discos al Mare Nostrum. Así se las gasta el músico nacido en Berchidda, en la isla de Cerdeña. Con sordina o sin ella, en el bagaje musical de su trompeta caben melodías de diversa procedencia.

No obstante su querencia por la música de su tierra está muy presente en su discurso. El intimismo melódico de su modo de tocar parece transcurrir diáfano, sin prisas, disfrutando de cada nota. Más contenido en su última versión diabólica, la de su último disco con su cuarteto Devil Quartet, dos temas nos dan una pista de cuáles son las preocupaciones actuales de Fresu: Dum loquimur, fugerit invidia aetas y Carpe diem (Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso. Carpe diem). He aquí una declaración de principios.

El músico sardo se mueve bien en distintos formatos. Solo, a dúo, cuarteto o en quinteto siempre deja su personal modo de tocar. El cuarteto de su actual formación se convertirá en Almuñécar en un quinteto, siguiendo la estela de su admirado Miles. Se incorpora invitado el pianista Chano Domínguez y la inevitable unión promete. No había visto a los dos músicos juntos en un proyecto, salvo en el catálogo del sello alemán ACT, proclive a los aires mediterráneos y dónde ambos han grabado.

En cualquier caso lo que salga de la unión entre Fresu y Domínguez no será fusión. Eso se lo dejamos para los cursis. La música es o no es. Sin aditivos.