Las buenas noticias tienen que ver con lo real y no hay nada más real, más cercano e imprevisible que la música en directo. Más reconfortante también. El festival de Jazz de la Costa hace días que anunció su programa para este año, cuando todavía colean las ramalazos inexorables y fastidiosos de una pandemia que trata de impedirnos sumergirnos en la “realidad”. Amenaza vana que sólo se puede combatir con cierto coraje, precaución y mucho sentido común, algo que a veces parece faltar. No es el caso de este festival que pudo prodigarse el año pasado cuando en el horizonte aún oteaban nubarrones negros, y que además pasó la prueba gracias al sentido común tanto de los que lo hacen posible como de los numerosos asistentes.

Porque el anuncio de una nueva edición (34 veranos ya) del Jazz en la Costa es una alegría real. Una gracia sobrevenida para lo que la esperan como agua de mayo. De las pocas cosas que parecen quedar y resistir; la música intangible que de pronto se nos aparece frente a nosotros imprevisible y que nos otorga precisamente eso, la alegría que falta en momentos inciertos como éste. Con eso nos conformamos, con poder disfrutar los 6 días que durará el festival y que nos parecen el mejor antídoto para combatir a la innombrable pandemia que tan poca gracia tiene.

¿Milagro? No. Aquí hay trabajo detrás. Mucho y bien ejecutado. Nosotros, espectadores, pondremos el sentido común, nos acomodaremos bajo la sombra alargada del castillo y a partir de ahí les tocará a los músicos salir a escena y contar sus historias, cada uno a su manera, para recordarnos que lo real existe aunque sea invisible. No se confundan, no me refiere a eso sino a la música.

El filósofo francés Clément Rosset, que tan bien escribió sobre la experiencia musical, lo dice mejor que yo: “Frente a la música el oyente siempre es cogido desprevenido, pillado por sorpresa, el efecto musical es sobre todo un efecto real, y lo real es la única cosa del mundo a la que nunca nos habituamos”. Al final lo que nos queda es el silencio, o la música, el jazz, lo demás no tiene importancia.