Hay músicos que cogen notoriedad por razones ajenas a la música. A partir de ahí se crea una leyenda en torno a ellos que sobrepasa su valía artística, en el caso de que ésta existiera. No es el caso, pero a menudo se hace excesivo hincapié en un trágico suceso sufrido por el pianista Fred Hersch. No nos vamos a referir aquí mucho a este hecho. Sólo decir que le ocurrió algo parecido a lo sucedido al guitarrista Pat Martino, que en un momento tuvo que empezar desde cero, vital y musicalmente hablando.

El trío de piano es una formación clásica en el jazz. Hay formaciones clásicas en la mente de todos. Desde hace años el trío de Hersch es un referente de la escena jazzística. El estadounidense es un maestro en su arte; respetuoso con sus maestros Bill Evans, Lennie Tristano o Thelonious Monk es también un maestro de pianistas: Brad Mehldau y Ethan Iverson (fundador de The Bad Plus). Esto lo sitúa, en su forma de tocar, en un punto intermedio entre el pianismo clásico y la vanguardia del instrumento.

En cualquier caso una cosa está clara, aquí el piano no son los “88 tambores afinados” que definían el modo de tocar del recientemente fallecido Cecil Taylor. El instrumento, en el modus operandi del músico nacido en Cincinatti, puede ser capaz de sonar a Chopin pasado por Duke Ellington cuando toca solo como rememorar lo mejor de la tradición de los tríos con piano desde al menos Ahmed Jamal: ese piano que no deja de dialogar con la sección rítmica en un tour de force entre iguales.

Tras diez años funcionando juntos, el trío de Fred Hersch es una máquina bien engrasada, perfecta y delicada, que aborda estándares y temas propios con la perfección que requiere este formato. Porque tríos hay muchos, pero encontrar la excelencia del formato requiere de una compenetración que sólo es posible gracias al talento de sus músicos y al diálogo que sean capaces de establecer, y eso sólo se consigue tras años de tocar juntos. En torno al pianista, de estilo a menudo introspectivo, surge la música de una banda que conoce bien los entresijos de este tipo de formaciones y que va macerando lentamente los temas, que es el modo en el que surgen las cosas buenas.

“Fred Hersch Trio: Live In Europe”, recién salido del horno, puede ser el mejor trabajo del pianista hasta la fecha. Y eso es mucho decir porque en su carrera hay auténticos hitos musicales. Por cierto, no deja de ser sorprendente lo pródigo que resulta el pianista con trabajos en directo. Aquí también cuenta con sus acompañantes habituales. Pero aún no me he referido a sus partenaires. John Hebert al bajo y Eric McPherson a la batería son compañeros perfectos, capaces de transmitir el estado anímico-musical del líder. En todo trío que se precie en realidad tres es uno.