Cada cierto tiempo se espera con ansiedad la llegada del nuevo mesías del jazz. De preferencia, este puede ser un joven trompetista o saxofonista, un nuevo pianista quizás. Resulta algo inevitable aunque aquí como en tantas otras cosas siempre se nota la mano de la mercadotecnia.

Y he aquí que surge una figura como la de Melissa Aldana. La saxofonista chilena, primera mujer ganadora del Thelonious Monk International Jazz Saxophone Competition en 2013, rompe con los moldes y tópicos preestablecidos. Y a pesar de eso parece no pesarle mucho esa responsabilidad. Por lo menos a tenor de aquellos que la han escuchado en directo. El fiable Yahvé de la Cavada, tras el concierto ofrecido en Madrid el pasado verano titulaba su artículo en el diario El País: “Melissa Aldana, la gran esperanza del saxo tenor”.

Puede sonar algo exagerado pero lo que está claro es que la presencia de la joven saxofonista sirve para descatalogar, si es que no lo estaban ya, las dos premisas que debía tener toda joven promesa del jazz: a saber, raíces afroamericanas y preferentemente hombre claro. Esto es algo que hace tiempo no es así, como todo buen aficionado al jazz sabe.

Conviene saber algo de la historia de Aldana para situarla mejor. Si decimos que ha sido alumna de Joe Lovano y George Coleman, intuimos por dónde van los tiros. Y si añadimos además que su carrera discográfica empieza en 2010 con su álbum de debut “Free Fall”, producido por otro saxofonista de referencia, Greg Osby, ya vamos poniendo los puntos sobre las íes. Con esta carta de presentación podemos esperar lo mejor. Pero había que poner la guinda con el prestigioso premio obtenido en 2013.

Su caso, aunque distinto, me recuerda a la también excelente saxofonista tenor alemana Ingrid Laubrock. Ambas tienen unos discursos propios y discos muy interesantes a sus espaldas. La chilena, tras dos trabajos iniciales con el sello Inner Circle de Osby, creó el Crash Trio con quienes ha firmado otros dos discos dónde va exponiendo su propia manera de entender la música, una propuesta de trío muy potente que me recuerda al también trío Fly, dónde aparece su admirado Mark Turner.

Con todas las reservas que queramos, sobre todo cuando se trata de alguien que no ha dejado más que iniciar su carrera, estamos ante un músico de jazz que abre nuevas vías y eso sí que es una buena noticia. Por cierto que en el último disco que se le conoce, Doubtless (2018), está vez firmado por su compañero sentimental, el saxofonista esloveno Jure Pukl, Aldana no deja de crecer. Aquí se la espera como agua de noviembre.